El escepticismo antiguo: posibilidad del conocimiento


Diógenes Laercio: reflexiones sobre la vida de los filósofos escépticos



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5. Diógenes Laercio: reflexiones sobre la vida de los filósofos escépticos
En un estudio que tenga interés por la filosofía griega es necesario acudir, sin más remedio, a Diógenes Laercio. Su libro Vidas de los Filósofos es un intento de determinar y aclarar el origen y el desarrollo de los diferentes movimientos filosóficos griegos. Esta obra, unas veces desde la simple anécdota y otras a través de exposiciones filosóficas, comenta lo más importante de los filósofos más famosos -a juicio de Diógenes- y de sus vidas. Esto último es trascendental: en la antigua Grecia la mayoría de los filósofos no viven de una manera diferente de la que piensan, sino que por el contrario teoría y praxis se corresponden.

Diógenes es una fuente indispensable por la gran cantidad de datos que aporta, sobre el escepticismo en todas sus formas y sobre los filósofos que lo han practicado. Sin embargo, esta fuente tiene dos inconvenientes ineludibles: primero, que Diógenes es poco experto en cuestiones filosóficas (aunque esto a la larga puede ser positivo, al no verse contaminada la información por su propia filosofía); segundo, que es la fuente más incontrolada con la que nos encontramos, por la gran cantidad de testimonios externos que utiliza. Todo ello debe conducirnos a manejarla con sumo cuidado y a ponderar todos los datos que aporta en su justo término.

Una correcta valoración de esta fuente conduce a caracterizarla de manera positiva por dos motivos: el primero, por ser uno de los tratamientos más organizados del escepticismo antiguo y el segundo, por ser un punto de partida mucho más sólido que cualquier cita episódica o comúnmente fragmentaria. Si a esto le añadimos la tardía datación de la obra de Diógenes, descubrimos que presenta un punto de vista histórico, sobre los desarrollos del escepticismo en general y sobre las discusiones que surgieron a su alrededor.

Cualquier reconstrucción del escepticismo antiguo debe reclamar como uno de sus pilares básicos el testimonio del B_oV P_rrwnoV de Diógenes Laercio IX, 61-101. Pero hay que observar que esta obra está orientada por el Bíos Pýrr_nos de Antígono de Caristo115. Hay de hecho una incontestable unidad de derivación de la obra antigonea muy próxima a la época en que vive Pirrón, y el de Diógenes Laercio. Wilamowitz-Moellendorf considera que la noticia antigonea desempeña un papel prioritario, no sólo en la definición de los datos cronológicos ambientales, sino también de aquellos precisamente más filosóficos116.

La imagen que transmite Diógenes con respecto al escepticismo como movimiento filosófico coincide casi completamente con la que ya Sexto Empírico había expresado. El primer dato que ofrece Diógenes Laercio sobre el escepticismo pirrónico aparece en su primer libro de los once dedicados a la Vida de los Filósofos Ilustres. En él manifiesta la diferente concepción que tiene del pirronismo y la academia nueva; así, mientras las academias media y nueva de Arcesilao y Carnéades, respectivamente, tienen un lugar en la tradición filosófica, Pirrón y el pirronismo ni siquiera aparecen en la reconstrucción que hace Diógenes de las escuelas filosóficas. Según Diógenes, en los comienzos de la filosofía dos escuelas se reparten la influencia: la jónica y la italiana. La primera finaliza en Clitómaco, Crisipo y Teofrasto, y la itálica en Epicuro117.

Evidentemente, ni Pirrón, ni Timón, ni ninguno de los pirrónicos o escépticos aparecen como miembros de estas sectas o escuelas. Lo cual, como ya hemos advertido, puede ser una muestra de las dificultades con las que se encuentra Diógenes a la hora de clasificar a Pirrón y al pirronismo. Así, un poco más abajo, al hablar de los filósofos, nombra a Pirrón pero sin encuadrarlo en ninguna escuela o secta: unos, dice, se llamaron dogmáticos y otros efécticos; los dogmáticos enseñan que las cosas son aprehensibles (per_ t¢n pragm_twn _po_a_nontai _V katalhpt¢n); mientras que los efécticos se abstienen de ello al suponer que las cosas son inaprehensibles (_V _katal_ptwn). Entre estos últimos y como uno de los ágrafos famosos cita a Pirrón de Elis118. Esta es la primera noticia que presenta Diógenes en el libro I sobre Pirrón. Un poco más abajo esta idea se completa con otro testimonio de Hipóboto. Según Diógenes, Hipóboto en su tratado Per_ a_r_sewn (Sobre la Escuelas) comenta que las escuelas fueron nueve, entre las que nombra a la pirrónica; aunque advierte, que fue poco estimada por su oscuridad, así refiriéndose a la escuela pirrónica dice que si entendemos por escuela aquella que sigue una doctrina, entonces la pirrónica no es una escuela, pues ella no tiene una doctrina definida, pero si entendemos por escuela el seguir un razonamiento según los fenómenos entonces sí es una escuela119. Diógenes transmite en este texto una noticia pero no asume ninguna posición crítica al respecto.

Esta imprecisa presentación de razones en favor y en contra de la consideración del movimiento pirrónico como escuela, quizá se deba al problema que supone clasificar este movimiento y no la forma de presentarlo. Así, es posible que no estuviese nada claro en tiempos de Diógenes si el pirronismo podía ser denominado como escuela o no. Ya sabemos que aún existiendo un importante elemento negativo o de duda en la filosofía pirrónica, también podemos encontrar una actitud positiva pues el pirronismo parece estar orientado por la búsqueda de la felicidad, aunque sea a través de la suspensión del asentimiento. Pero a pesar de todo, es necesario aclarar que lo importante en el testimonio de Hipóboto es que el pirronismo no profesa ningún tipo de dogmas, por lo que la cuestión de si es escuela o no pasa a un segundo plano.

Lo que sí reconoce Diógenes con claridad es que Pirrón y sus seguidores se distinguen de la escuela de Arcesilao y Carnéades: las denominadas Media y Nueva Academia. Esta diferenciación entre el pirronismo y la Academia revela, a nuestro juicio, lo siguiente:

1. Una información seria y contrastada sobre cada uno de los autores implicados en el problema.

2. Un conocimiento cuidadoso del escepticismo pirrónico y académico que impide la confusión a la que algunos autores nos tenían acostumbrados.

Es evidente que cuando escribe Diógenes Laercio a comienzos del siglo III d. C., la distinción entre pirrónicos y académicos se encuentra perfectamente establecida. De ahí que Diógenes dedique a Pirrón y a los académicos capítulos distintos, en libros diferentes, queriendo con ello significar su particularidad.

Las noticias que proporciona Diógenes son interesantes, además, por las relaciones descubiertas entre Pirrón y algunos filósofos anteriores que demuestran la fundamentación del pirronismo en la tradición filosófica griega, como veremos más detenidamente. En este sentido, encontramos en Diógenes, igual que en Sexto, un invariable intento de reivindicar que el escepticismo no es una escuela o una doctrina al uso, sino una actitud constante de búsqueda, una investigación continua del ser humano, por lo que sería contradictorio y absurdo atribuir a esta tarea un iniciador concreto a partir del cual se pueda decir que el escepticismo toma carta de naturaleza. Esta observación es comentada en el pasaje IX, 71-73, donde personajes significativos de la cultura griega, Homero, Eurípides, Demócrito, Heráclito, Platón, Empédocles, Hipócrates, son valedores de la corriente escéptica. De esta forma, supera la crítica dogmática sobre el origen del escepticismo con dogmas a partir de los cuales se desarrolla la escuela y sustrae al escepticismo de esa polémica colocándolo así en un nivel cualitativamente superior.

Aparte de los datos que nos proporciona Diógenes sobre el escepticismo de la Nueva Academia, que vienen incluidos en el libro que dedica a Platón y sus sucesores, es de suma importancia el testimonio sobre Pirrón (D.L. IX, 61-108). Estas noticias están agrupadas en dos partes bien diferenciadas:

1. La primera dedicada a la vida y personalidad de Pirrón de Elis (D.L. IX, 61-69).

2. La segunda referida a una exposición general de los argumentos teóricos del escepticismo.

Con respecto a la primera parte, las noticias sobre la vida de Pirrón parecen estar basadas en los datos aportados por Antígono de Caristio, y en noticias de Timón, Filón ateniense, Eratóstenes, Posidonio etc., que refieren un importante paralelismo entre su vida teórica y su vida práctica. Una cuestión de relativa importancia sobre Pirrón se reduce a la atribución del exacto valor que pueden tener los testimonios sobre su vida. Llama la atención que exista una coincidencia singular entre las noticias que dejan Antígono y Eratóstenes y que recoge Diógenes. Esta semejanza puede ser explicada, según Dihle120, por el contacto directo que tuvieron los dos biógrafos con el protagonista, por lo que estarían, en cierto modo, describiendo lo que vieron y vivieron. Por su parte, Diógenes suministra otros testimonios, otros pasajes sobre la persona de Pirrón que deben ser interpretados y entendidos de manera menos confiada y literal, al no coincidir unos con otros.

Otra cuestión interesante sobre la vida de Pirrón de Elis es conocer cuál es el exacto significado que tienen para este escéptico términos como _p_qeia y _diafor_a, que constituyen una constante en algunas de las anécdotas presentadas en este libro. Para Wilamowitz121 estos testimonios tienen un interés meramente anticuario y no filosófico. Según esta teoría estaríamos ante una degradación de los términos teóricos de la filosofía de Pirrón; ante un comportamiento «tipo» cuya función es la vulgarización ilustrativa de sus doctrinas. Esta interpretación adolece, a nuestro parecer, de un defecto, y es que no tiene en cuenta la gran cantidad de fuentes en las que aparecen las mismas referencias de la actitud de Pirrón. Otra interpretación va a estar representada por Marcel Conche122; para él, estas anécdotas sobre la vida de Pirrón no tienen un contenido real y verdadero, sino más bien pedagógico, por lo que no hay que tomarlas literalmente. Esta hipótesis tiene cierta verosimilitud y abre perspectivas interesantes para la interpretación de algunas noticias, ciertamente inverosímiles por sí mismas. En este caso, la actitud de Pirrón reflejaría una relación entre vida y teoría que debe ser tenida muy en cuenta, para valorar su pensamiento. De ahí que podamos hablar de un sentido pedagógico tanto en su vida como en su filosofía. Esta idea puede fundamentarse en un testimonio de Diógenes, sobre la admiración que Pirrón despertaba en Epicuro por su modo de vida123, lo cual es más interesante si reconocemos la actitud de Epicuro con respecto a la filosofía como «arte para la vida», «t_cnhn per_ t_n b_on»124.

Ya por último, cabe señalar un aspecto interesante de la obra de Diógenes. Nos referimos a dos particularidades que pueden servirnos como claves interpretativas no sólo de Pirrón sino de todo el movimiento escéptico posterior. Una de ellas corresponde a la relación entre Pirrón y la filosofía anterior, pues no es casual la elección de los compañeros que tiene Pirrón en este libro. Por un lado, tenemos el lugar que ocupa Pirrón en el libro IX de Las Vidas de Diógenes: le acompañan autores como Jenófanes, Parménides, Meliso, Zenón, Demócrito, Protágoras (secuencia nada azarosa, sino más bien premeditada) que van a tener un papel importante en la aparición del escepticismo. La otra cuestión es más sutil, pues se trata de la significación que tiene la crítica que hace Epicuro a una serie de pensadores, entre los que se encuentra Pirrón, que arruinan el conocimiento por la descalificación que hacen de los sentidos; es decir, de la sensibilidad como fuente de conocimiento.

En resumen, Diógenes presenta como tratado un resumen sobre el escepticismo que tiene muchas semejanzas, en menor o mayor amplitud, con el que presenta Sexto; pasa revista al signo, a las causas, al movimiento etc., problemas que se corresponden linealmente con los tratados por Sexto Empírico. Este paralelismo significa, quizá, que tanto Sexto como Diógenes tienen una fuente común desde la que describen la vida y obra de Pirrón. Sin embargo, los especialistas no se ponen de acuerdo en esta cuestión. Por citar sólo algunos ejemplos, Mutschmann125 cree que Diógenes conoce las Hipotiposis de Sexto y que las resume para hacer su tratado sobre Pirrón. Janá_ek, por su parte, piensa que sigue, como regla general, un modelo diferente conectado con la tradición de Enesidemo126. No hay duda que el texto de Diógenes tiene numerosos parecidos con los libros II y III de Sexto, pero esta coincidencia tiene explicación, pues estos dos libros fueron redactados mucho después del primero, basándose su redacción, igual que el capítulo de Diógenes, en un examen de las respuestas que tanto Timón como Enesidemo habían dado a los dogmáticos127. A juicio de Dumont128, ese paralelismo entre las dos fuentes129 no muestra una filiación entre los textos, ni quizá un modelo común «literario»; sino más bien el carácter no-contradictorio de las supuestas «enseñanzas» de Pirrón, que sirven de base tanto a Antígono de Caristos como a Diógenes Laercio. Tenemos motivos para pensar que Sexto y Diógenes no tienen una fuente común; sería extraño que hubiesen mantenido, en este caso, un pertinaz silencio con respecto a esa fuente. Más bien hay que pensar en la homogeneidad de las noticias que sobre la vida y el pensamiento de Pirrón han dejado sus discípulos: Timón, Nausífanes, Enesidemo, Numenio etc. Diógenes reconoce esta apreciación cuando dice que es posible conocer el pensamiento de Pirrón gracias al esfuerzo realizado por sus discípulos: «Es posible tener una visión completa de su trayectoria por los tratados conservados. El mismo Pirrón, en verdad, no escribió nada, pero sí sus seguidores Timón y Enesidemo, Numenio y Nausífanes y otros como ellos»130.

De todos los discípulos de Pirrón, Diógenes distingue a Timón como el más fiable y digno de consideración131. La fuente más importante para el pensamiento de Timón es el mismo Diógenes Laercio, que se basa en Apolónides de Nicea, un gramático de la época de Tiberio que dedicó un comentario a las sátiras de Timón, en Soción y en Antígono de Caristo, que aportan datos sobre su vida y sus escritos respectivamente132. A pesar de ello no sería justo olvidar al resto de discípulos o seguidores de Pirrón que en conjunto conforman un mosaico de testimonios sobre el filósofo de Elis, sobre su actividad y su pensamiento.

Estamos, pues, ante una fuente esencial para el estudio del escepticismo. La perspectiva que Diógenes Laercio propone es, históricamente, importante, pues, no sólo define la teoría escéptica, sino que estudia los posibles antecedentes de este movimiento así como su inicio y posterior desarrollo; por ello, proporciona una visión bastante amplia del escepticismo griego. Además, Diógenes incluye el movimiento escéptico en una amplia problemática de la filosofía griega; de ahí que no sólo hable de Pirrón y de sus seguidores, sino que trata de rastrear y desvelar aquellos elementos que pueden ser reconocidos como escépticos en los pensadores anteriores al movimiento escéptico. Por tanto, la ordenación que hace Diógenes de las escuelas filosóficas así como de los grupos en los que se puede situar a Pirrón, es de un valor inestimable para nuestra investigación, ya que no sólo tratamos de estudiar el escepticismo, sino también los problemas que llevaron a su aparición en el horizonte de la filosofía griega. Por último, indicar que esta fuente, por estar dedicada a la vida de los filósofos ilustres, proporciona una información sobre la parte cotidiana de la vida que es un complemento indispensable para comprender su pensamiento.

CAPÍTULO II

Prolegómenos: hipótesis para una lectura de la filosofía griega

desde el punto de vista del escepticismo.

Nuestro propósito en este capítulo es doble: primero, estudiaremos si es factible hablar de una tradición filosófica en la que la imposibilidad de dar soluciones a algunos problemas filosóficos va determinando, de hecho, la aparición del escepticismo griego; y, segundo, investigaremos qué elementos vinculan al pirronismo con esa tradición y hacen posible una lectura de la filosofía griega desde el punto de vista del escepticismo.

Vamos a procurar reconstruir la línea de argumentación que pudo influir en la configuración explícita y sistemática del escepticismo griego en Pirrón de Elis y sus seguidores. Este trabajo va a resultar difícil de llevar a cabo, pues los pensadores presocráticos que se llegaron a preocupar del problema del conocimiento, no lo hicieron sistemáticamente, sino de forma más bien dispersa, por lo que tenemos que rastrearlo en las discusiones generales propias de la filosofía presocrática y no en específicas teorías del conocimiento. Nosotros utilizaremos estos datos como claves hermenéuticas para reconocer la influencia que tuvieron determinados filósofos en el proceso de formación del pirronismo y del escepticismo en general.

Tres testimonios organizan nuestra investigación: de ellos, dos son de Diógenes Laercio y uno de Timón, el discípulo de Pirrón. El primero viene definido por la elaboración de las sucesiones filosóficas: instrumentos necesarios para conocer las líneas de pensamiento que existen en la filosofía griega. Aunque, en principio, no parezcan importantes, no podemos imaginar la riqueza de información que encontramos en textos, en apariencia, tan innocuos. El segundo auxilio filosófico para nuestra investigación viene dado por la crítica que ejerce Epicuro contra aquellos filósofos que, negando el valor de los sentidos para la percepción de la realidad, arruinan el conocimiento humano. Curiosamente, este grupo criticado por Epicuro, va a coincidir con otro de las sucesiones que pone en conexión a un conjunto de filósofos que se suceden desde Parménides hasta Pirrón. Por último, hemos utilizado los testimonios que Timón expone en su obra los Sillos, sobre los filósofos y sus filosofías, que proporcionan juicios de inestimable valor para conocer y comprender los antecedentes y el desarrollo del escepticismo. Todo esto nos sirve para justificar, en principio, nuestra hipótesis de trabajo: la posibilidad de realizar, con una hermeneútica singular, una lectura de la filosofía prehelenística desde el punto de vista del escepticismo.



1. Las «sucesiones» filosóficas: elementos ordenadores de la filosofía.
En este capítulo intento afrontar la posición de Pirrón y de la escuela escéptica en el sistema de las «sucesiones» (diadoca_)133 de las escuelas filosóficas. El capítulo que Diógenes Laercio dedica a la vida y el pensamiento de Pirrón es el primer lugar donde hay que buscar las relaciones con la filosofía anterior a él. De manera natural, nos cuenta Diógenes Laercio que fue la influencia de Anaxarco, discípulo de Demócrito, la causa del desarrollo en Pirrón del escepticismo134. Esta noticia además de sencilla parece a todas luces insuficiente. Sobre todo si pensamos que Demócrito y Anaxarco, por citar los inspiradores de la filosofía pirrónica, según Diógenes, pertenecen a una potente tradición que hunde sus raíces en lo más profundo del pensamiento presocrático.

Si nosotros rastreamos la razón de esta filiación tendríamos que preguntarnos por el lugar que ocupa Pirrón en el libro IX de las «Vidas» de Diógenes Laercio. En este libro Diógenes reúne a los siguientes pensadores: Heráclito, Jenófanes, Parménides, Meliso, Zenón, Leucipo, Demócrito, Protágoras, Diógenes de Apolonia, Anaxarco, Pirrón y Timón. Evidentemente, sería difícil saber, exactamente, cuáles fueron los criterios que llevaron a Diógenes Laercio a incluir a todos estos filósofos en su libro IX. Es más, esta dificultad se puede ampliar a todos los libros de «Las Vidas». Sin embargo, a pesar de este inconveniente, un estudio de todos los libros y los autores que en ellos aparecen conduce a la conclusión de que Diógenes reúne a los autores por afinidades en su pensamiento. Este criterio no deja de ser curioso, pues en el libro referido autores como Heráclito, Jenófanes y Parménides inician un tipo de pensamiento, a juicio de Diógenes, que culminará en Pirrón, pasando por Demócrito y Protágoras.

Esta prolija clasificación es, de todo punto, admisible; de hecho nuestra hipótesis es que no es aleatoria, pues los autores que Diógenes unifica tienen en común una preocupación por el conocimiento que tras diversos desarrollos concluirá en el escepticismo pirrónico. Dicho de otro modo, ya desde antiguo aparece una sucesión histórico-filosófica que vincula específicamente a eléatas, atomistas y escépticos. Pero aun hay más, pues esta relación histórico-filosófica no es una creación a posteriori, artificiosa y arbitraria, creada por doxógrafos o escritores posteriores, sino que corresponde a una línea determinada de desarrollo del pensamiento en la filosofía griega. Para demostrar esta tesis no solo contamos con los testimonios de Diógenes Laercio, sino con otros coincidentes también en esta misma línea de sucesión.

Clemente de Alejandría, por ejemplo, inicia la escuela eleática en Jenófanes, continuándola en Parménides, Demócrito, Pirrón y Nausífanes, de quien dicen que fue maestro de Epicuro (que representará la reacción antiescéptica)135. Esta filiación -Jenófanes... Pirrón- tiene en Eusebio de Cesárea otro valedor muy importante, aunque con algunos cambios; por ejemplo, la aparición de Meliso como discípulo de Parménides y la inclusión de un tal Nesa después de Protágoras del que sólo conocemos el nombre. La importancia de este texto radica, principalmente, en el dato de que a partir de Pirrón tiene origen la corriente de los llamados escépticos (___ o_ _ t¢n Skeptik¢n _piklhq_ntwn diatrib_ sun_sth)136.

Merece especial interés que confrontemos asimismo otro texto de Eusebio que establece un nexo entre Protágoras, Metrodoro de Quíos y Pirrón. Entre los dos primeros la afinidad sustentada es conceptual, pues ambos afirman que es necesario prestar una fe total a la sensación corpórea, pero entre Metrodoro y Pirrón la conexión viene mediada por el principio «ninguno de nosotros sabe nada, ni siquiera esto mismo, si sabemos o no sabemos nada, (o_de_V _m¢n o_d_n o_den, o_d_ a_t_ to_to, p_teron o_damen _ o_k o_damen)». No conocemos ciertamente a qué se debe esta directa relación entre Metrodoro y Pirrón que, según el texto, viene después de él; posiblemente se trate de una sucesión con más lagunas que las mencionadas más arriba137.

Una última observación. Otro texto del Pseudo-Galeno apunta también en este sentido, allí, se dice que Jenófanes es el que comienza esta corriente -más aporética que dogmática- y que termina en Pirrón «iniciador de la filosofía escéptica (kaqhg_sato Skeptik_V _n _iloso__aV)». Entre ellos aparecen nada más y nada menos que Parménides, que sigue sus principios, Zenón, como origen de la filosofía erística, Leucipo y Demócrito como los creadores de la teoría atomista y Protágoras iniciador de artes (posiblemente retóricas) filosóficas138. En otro lugar de su Historia, el Pseudo-Galeno concede el título de escépticos a Zenón de Elea, Anaxarco de Abdera y Pirrón, afirmando de éste último que utilizaba mucho la aporética139, lo cual aclara y enfatiza el esquema propedéutico del texto anterior.

En conjunto, todas las reconstrucciones de las sucesiones que mencionan a Pirrón y los escépticos presentan la misma secuencia, y, por tanto, la misma filiación de los filósofos: comenzando en Jenófanes, siguiendo en los eléatas Parménides y Meliso, completando la línea con los abderitas Leucipo, Demócrito, Protágoras, Metrodoro de Quíos, Diógenes de Esmirna y Anaxarco, y concluyendo en Pirrón, Nausífanes y Epicuro. Esta repetida ordenación no es casual, sino más bien determinada por la coincidencia de los problemas que preocupan a estos autores y los intentos que realizan por resolverlos.

Esta consonancia en la selección del grupo sólo se ve dañada por dos sombras de duda. La primera es debida a un error evidente, aparece en el texto ya citado de Pseudo-Galeno -capítulo 3 de su Historia philosopha-: ese pasaje proporciona en el original otra sucesión diferente de la declarada más arriba, ya que a Fedón elidense le siguen Anaxarco y Pirrón y a éstos le suceden Aristóteles, Estratón y Epicuro. Sin embargo, Diels cree, y nosotros coincidimos con esta idea, que esta nueva fórmula es una confusión incuestionable y la corrige tal como lo hemos citado, desplazando la mención de Anaxarco y Pirrón después de la de Protágoras, (como es lo correcto) y la mención de Epicuro detrás de la de Pirrón140.

La segunda, más importante, la tenemos en Hipólito, Philosophumenon (vid. Diels, Dox. Graec., p. 553, 1-14 principalmente); aquí distingue a los filósofos en tres categorías Fusiko_, _Hqiko_, Dialektiko_; entre los físicos aparecen, por citar algunos nombres, Tales, Empédocles, Heráclito, Anaximandro, Parménides, Leucipo, Demócrito, Jenófanes, etc., entre los éticos nombra a Sócrates y a Platón y entre los dialécticos coloca a Aristóteles y a los estoicos Crisipo y Zenón. De Epicuro dice que tiene una teoría opuesta a todos los demás y de Pirrón, al que denomina «académico», P_rrwn _ _Akad_mioV (un error que puede justificar que tengamos cierta desconfianza hacia esta fuente), comenta que sostiene la incomprensibilidad de todas las cosas, o_toV _katalhy_an t¢n p_ntwn l_gei141. Esta clasificación, por el amplio número de filósofos que mezcla y por su falta de rigurosidad en algunos casos (por ejemplo, no respeta la cronología de los autores), no parece tener ningún criterio filosófico sino más bien doxográfico, tal como señala Kienle142. Por todo ello, creemos que la importancia que tiene este texto para la constitución del grupo que venimos estudiando es un tanto menor. No obstante, existe un detalle en esta interesante sucesión y es la separación de Pirrón, junto con Epicuro, del resto de los filósofos encuadrados en los grupos «físicos», «éticos» y «dialécticos», reconociendo en cierto modo su originalidad como pensador.

De todo lo dicho hasta aquí, podemos concluir que el esquema general común de todas las fuentes es sustancialmente análogo a la serie del libro noveno de la obra de Diógenes Laercio, que nos ha servido de guía al principio de este capítulo. Aunque, bien es cierto que existen algunas discrepancias en el propio Diógenes143, pero son pequeños detalles debidos más a pequeñas faltas de rigor que a una confusión general en alguna fuente.

A pesar de estas pequeñas diferencias, existe una afinidad fundamental entre el esquema común y «Las Vidas» laercianas. Si bien es cierto que en las sucesiones que hemos mostrado (Clemente, Eusebio y Pseudo-Galeno) se habla explícitamente de una línea iniciada en Jenófanes -denominada eleática por Clemente y calificada de aporética por Pseudo-Galeno-mientras en Diógenes sólo se nombran explícitamente dos escuelas filosóficas: la Jónica, iniciada por Tales, desarrolla en la academia platónica y culmina en Clitómaco, Crisipo y Teofrasto; mientras que la Itálica inaugurada por Pitágoras culmina en Epicuro144. La tercera dirección o sucesión no aparece en el Proemio de las Vidas de manera manifiesta, pero sí que podemos deducirla a partir de la reunión que realiza en el libro IX de los autores que deberían ser incluidos en esta escuela por afinidades de pensamiento.

¿Qué nos sugiere esto? Posiblemente, que a partir de Soción,145, fuente principal de Diógenes Laercio, que compuso entre el año 200 y el 170 a.C. una historia de la filosofía con el título de «Sucesión de los filósofos», los eléatas, atomistas y escépticos se aproximaron bastante, no tanto por las semejanzas de sus doctrinas sino por la coincidencia en las consecuencias filosóficas de los problemas epistemológicos que analizan: el escepticismo sería, pues, el último eslabón de una crítica del conocimiento, iniciada ya por Jenófanes. Además de esta explicación, es posible que la unificación de todos estos autores también se deba a una actitud práctica resultado de reunir a todos aquellos autores que aparecen en las sucesiones ya consolidadas y que no tienen una adscripción determinada. Con el tiempo esta sucesión se estableció y encontró cierto consenso casi unánime, debido más a razones prácticas que sistemáticas.

Es imposible garantizar de manera concluyente y definitiva la secuencia que investigamos; sin embargo, hay numerosos indicios que confirman esta hipótesis de trabajo. Así, el éxito que tuvo esta sucesión en numerosos autores antiguos -lo cual podría suponer un dato significativo a la hora de darle alguna validez-, y la crítica de Epicuro, curiosamente, a los mismos filósofos que forman este grupo o sucesión, prueban que las conclusiones de este epígrafe son bastante verosímiles.




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